¿Por qué se enferma toda la casa cuando uno se resfría?
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Terminas de entrenar bajo una temperatura invernal, entras corriendo a un espacio cerrado con la calefacción al máximo y, de pronto, sientes un "golpe" de calor que te descoloca.
Todos hemos escuchado alguna vez la típica advertencia de que la combinación de transpiración y frío equivale a un resfrío seguro. Sin embargo, la ciencia tiene una perspectiva muy diferente. El cambio de temperatura en el cuerpo sí genera efectos reales, pero no son los que la mayoría de la gente cree.
Si eres de los que disfrutan de correr con frío, en este artículo te explicamos qué ocurre exactamente en tu organismo con los cambios bruscos de temperatura y cómo proteger tus músculos de las lesiones más comunes de la temporada invernal.
Para entender el impacto real de entrenar a bajas temperaturas, primero debemos derribar un mito muy arraigado: el frío por sí solo no provoca resfríos ni gripes; los responsables son los virus.
Sin embargo, esto no exime al clima invernal de tener un impacto directo en nuestro rendimiento. Aunque el frío no te contagie de un virus, someterse a cambios bruscos de temperatura sí somete a tu organismo a un estado de estrés biológico que altera sus defensas temporales.
Cuando realizas actividad física a bajas temperaturas, tu cuerpo trabaja a máxima capacidad para regular el calor corporal, manteniendo calientes tus órganos vitales. Al ingresar de golpe a un ambiente muy calefaccionado, se desencadena una reacción fisiológica inmediata:
A diferencia de los mareos pasajeros, el verdadero riesgo de salir a correr con frío radica en la falta de preparación y adaptación de nuestro sistema musculoesquelético.
Durante las épocas de bajas temperaturas, nuestro cuerpo reacciona de manera defensiva:
Si le exiges un esfuerzo de alta intensidad a tu cuerpo sin un calentamiento adecuado, o si sufres un enfriamiento brusco después de correr, el riesgo de sufrir tirones, contracturas, desgarros o lesiones musculares por frío aumenta exponencialmente.
Las sensaciones de ahogo o mareo ligero al entrar a un ambiente templado suelen disiparse en un par de minutos a medida que tu cuerpo se estabiliza. No obstante, si el entrenamiento bajo el frío te ha dejado un dolor articular o muscular persistente que no cede con el reposo, no debes ignorarlo.
El problema de fondo no suele ser el clima en sí, sino haberle exigido al organismo un nivel de rendimiento para el cual no estaba adecuadamente adaptado o calentado.
Para descartar cualquier daño estructural y evitar que una molestia leve se transforme en una lesión crónica, un diagnóstico oportuno es clave. En CLINI contamos con la tecnología de imagenología avanzada y profesionales especializados para evaluar tu salud muscular:
Correr en invierno es una experiencia sumamente gratificante y beneficiosa para tu salud cardiovascular. La clave para evitar contratiempos no está en evitar el frío, sino en darle a tu cuerpo el tiempo necesario para aclimatarse, realizar un calentamiento progresivo en interiores antes de salir, usar ropa técnica por capas y escuchar las señales de alerta de tu cuerpo.
Si sientes que una molestia física limita tu entrenamiento, recuerda que un diagnóstico a tiempo previene lesiones mayores. ¡Agenda tu evaluación en CLINI y sigue corriendo con total seguridad!
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